Google+ Taller de Escritura Creativa de Israel Pintor en España: Aida S. Revenga
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Un golpe de suerte, Aida S. Revenga


Estaba pasando una mala racha, desde la llegada de la crisis, hace 5 años ya, las cosas no iban bien en la empresa, los encargos habían disminuido poco a poco.
Llevaban tiempo detrás de un contrato con una gran firma, pero ella había perdido la esperanza, ese tren había pasado sin parada en su estación.
Como cada mañana, tras dos o tres papeleos de rigor, Rita decide bajar a su cafetería preferida, eso le animará, un buen café en un sitio tan agradable, donde disfrutar y diluirse en el espacio un instante, justo lo que necesita, olvidarse un poco de si misma y observar.
El camarero está hoy especialmente atento, intenta llamar su atención, le ha puesto 2 chocolates con el café en vez de uno como cada día, pero ella no está para esas batallas, no esta mañana.
A la vuelta a la oficina, piensa si es sólo la desilusión por el declive de la empresa, creada con tanto amor, lo que provoca ese hastío o es la rutina y la falta de nuevos estímulos.
Se siente dentro de una preciosa jaula de cristal.
Se ve a si misma, tiempo atrás, su vida era más inestable pero más feliz. Quizá si se desvinculará de la empresa se sentiría mejor, pero entonces ¿Carlos?
Él es muy buen ilustrador, incluso mejor que ella, y ahorrando una nómina al mes podría resistir mientras no mejorara la situación.
¿Y ella? ¿A donde dirigir sus pasos?
Justo entra por la puerta en esas ensoñaciones, cuando Carlos se abanlanza sobre ella.
--“ Rita no te lo vas a creer, esto es increible”-
Carlos casi no puede hablar, está tan excitado, se ahoga con su propio aliento.
-- “ !Estamos salvados¡, no más quebraderos de cabeza”
--” ¿Que ocurre?, ¿nos han pagado el trabajo del museo? Porque iba siendo hora” comente yo.
--” No muchisimo mejor Rita, simplemente no tenemos que volver a hacer nada, sino queremos no tenemos que volver a trabajar”-
--” Explícalo Carlos porque no estoy entendiendo nada”-
--”Si si, no soy capaz ni de pensar con claridad, perdona. El abogado de Abraham ha llamado hace un momento, ¿te acuerdas de él?”
--”si claro, el señor alto con bigote que le visitaba a veces y ¿Que quería?”
--” Rita, decirnos que según el testamento de Abraham somos los herederos de una 3 parte de su patrimonio, aún no me lo creo”
--”¿Como puede ser? Si nosotros solo compartimos el portal con él.
Si si, cada mañana se pasaba por la oficina a charlar un rato y a veces le hacíamos recados, !como era tan mayor¡, pero de eso, a dejarnos herencia, me parece una locura. ¿Y tu que le has dicho, Carlos?”
--”Que me parecía raro, le he preguntado si no tenia parientes cercanos. Tambien le he dicho que estamos encantados de recibirlo, no vamos a ser desagradecidos ¿no?”

Rápido mi cabeza, sola, empieza a hacer cálculos, números vuelan en ambas direcciones, sumas, multiplicaciones,divisiones..sabía por los vecinos, la gran fortuna poseída por Abraham, sin contar con los numerosos inmuebles dispersos por toda barcelona, así que nos había tocado como mínimo el gordo de Navidad.
Pienso en todas esas cosas que metía siempre en mi “lista de cuando tenga ahorros”, mi querido viaje a Asia, las nuevas colecciones de invierno apenas colocadas en los escaparates, un coche, un apartamento para mí sola y a mi gusto... salto a mis familiares, sacar a mis padres de sus hipotecas varias, a mi hermana un buen pellizco para la casa, mis tíos.. luego mis amigos, los llevaría a un festival de música que fue la niña de mis ojos por un tiempo, un festival en Cardiff, esta vez nosotros decidiríamos el cartel, los grupos que siempre nos han gustado, costase lo que costase, eso si que sería el regalo perfecto para una pandilla de adictos a la música como nosotros, aunque tendría que convencerlos y lidiar con todas sus responsabilidades, me apañaría...mi pensamiento salta a Abraham, ¿Cual era el motivo?,¿Quería que hiciéramos algo por él ahora?, ¿Porque a nosotros?
Le tenía mucho cariño y era mutuo, pero aún así, dejarnos herencia era algo  totalmente extraordinario.
Suena el teléfono,  vuelvo en sí, veo a Carlos hablando a lo lejos y percibo una gran mueca de desagrado casi dolor en su rostro, acto seguido lanza el auricular y se tira al suelo sollozando con amargura.
--”¿Que ocurre Carlos ? ¿Que pasa?. Hoy me vas a matar de un susto”.
Carlos apenas balbucea “Rita se ha ido al carajo, estaba arruinado, arruinado..” sigue llorando “lo único que nos ha dejado al final es Didi, su perro enano, el perro más antipático de toda la zona..No me lo puedo creer” y continua con su sollozo.
Yo suelto una inmensa carcajada, una risa de loca total, emana como un torrente y no puedo parar.
(En este momento entiendo porque nunca, desde pequeña, he creído en las historias con un final feliz.)

En mi salón, Aida S. Revenga


Mi sitio de escritura hoy, es mi nuevo salón, el salón recién estrenado de mi casa.
En este momento, mi novio cocina bailando al ritmo de Jonathan Richman y Mipa me hace su bajada de pestañas especial, su mejor táctica para conseguir algo de comida distinta a sus secas croquetas de perro de ciudad. Mientras, yo observo a mi  alrededor.
El salón-cocina es un espacio amplio, altos techos y una luz muy agradable en la noche, enfatizada por el color blanco roto de las paredes, una tonalidad muy hogareña,al menos para mi.
La cocina está encuadrada en la pared opuesta a la de la puerta de entrada y de la única ventana de esta sala, así durante el día es un pelín tristona por oscura, pero a veces abrimos la puerta de la calle, a modo de costumbre de pueblo y la estancia se transforma llenandose de este sol tan andaluz.
La cocina es de madera, metal y encimeras de mármol, con una de esas campanas en forma de chimenea de moda últimamente. En un lateral está la gran escalera de caracol, por donde ascender hacia el resto de la casa. La escalera es una presencia importante en este salón, nos habla de la existencia de otras salas y espacios posibles.
Me sitúo justo en frente de la cocina en la mesa de pino del comedor que comparto con mis otros miles de papeles, el portátil y algo de comida.
A un lateral está la perrita sobre su cama, su posesión más apreciada cuando llega el frío. Viene una y otra vez, a reclamar mi atención y mis caricias.
Al otro, justo a mi derecha, se encuentra el ricón de la música donde sobre un mueble de cristal tienen cabida  el equipo y mi antiguo tocadiscos pioneer, junto a Lps que hemos ido encontrado en nuestro devenir vital.
En mi espalda, el resto del salón, muy desordenado por cierto, reflejo exacto de la vida un tanto ajetreada de los habitantes de la casa.

Elvis, me inspira para organizar el nuevo escrito, donde el ganar una herencia es el pretexto para dejarnos llevar, entonces  transformaré mi salón en un amplio loft con vistas, o en un barco en alta mar, quien sabe.
 A final la escritura es como la vida, puro cambio, ya sea real o imginario.

Ave Fénix, Aida S. Revenga

La belleza que emana el ser es extrañamente salvaje y cálida a la vez, un halo de dura frialdad
se transluce al fondo de la (tierna) estática mirada.
Está cubierto de una densa capa blanca de un tejido desconocido, formado por miles de
escamas velludas, que siguiendo un patrón, le confieren un aspecto acolchado simulando
campos de nubes o algodón.
Al moverse, esa inquietante piel transmite el balanceo armónicamente de escama a escama,
recordándonos entonces, el dulce rastro de ondas dejado por una piedra al danzar por el
agua.
Tiene un porte majestuoso, temibles garras, patas torneadas, un esbelto tronco coronado por
una altiva cabeza de pájaro donde un enorme pico dorado nos presagia una violencia posible.
El plumaje multicolor de su cabeza, un brillante arco iris , refleja con intensidad los rojos
anaranjados de los rayos al atardecer.
Ojos oscuros y rasgados de aguilucho supervisan todo desde la altura, mientras que una cresta
azul anaranjada corona su cabeza rozando el cielo.
Al extender sus prominentes alas su tamaño se multiplica y parece tocar el antiguo olimpo de
los dioses.
La maravillosa criatura me confunde, me confunde como un dios de tiempos pasados,
transmitiendo señales de paz y de guerra, el bien y el mal simultaneamente.
Quizás sea un juez divino, un ángel exterminador, o tal vez la misteriosa Ave Fénix, renacida
de el fuego purificador de las orillas del Nilo.

Yo creo, Aida S. Revenga

Yo creo en ...
Creo en la emoción humana, la emoción provocada por el disfrute de las artes, ya sea ante una
pintura o una melodía, en la emoción recibida por un sentido, como un olor transportándote a
un momento del pasado y en esas olas de emoción colectiva palpables en determinados
momentos especiales.
Creo en la ternura, en la risa y el amor.
En la tolerancia, la ausencia de fanatismo de cualquier tipo, creo en mi libertad y la de los
demás, sin necesidad de normas que las regulen.
No creo en los estados democráticos que tenemos, ni en la iglesia, ni en la política, en la ciencia
creo a medias, aunque si valoro el esfuerzo de algunas personas en sus ansias de conocimiento
y de beneficio para la humanidad.
En mi familia pero no en todas las familias y en mis amigos con sus genialidades y sus
necedades.
Creo en mi perra, me entiende.
No creo en este mundo demasiado mediatizado, estético y superficial aunque pienso que hay
que aceptarlo para poder ser feliz.
Tampoco creo que otras épocas pasadas sean mejores, cada una tiene lo suyo.
En mi abuela y en Manuel.
No creo en el culto a la juventud a lo frugal, tampoco creo que la gente mayor sea siempre
estupenda, valoro, sin embargo, el saber popular acuñado a lo largo del tiempo y transmitido
por nuestr@s personas mayores.
Creo que viajar nos hace grandes y nos evita muchas estupideces de mente estrecha.
En mis padres, son personas maravillosas que me han enseñado hasta llegar a ser lo que soy.
En la formación pero también en los genios y en la espontaneidad.
No creo en el ostracismo, consevadurismo y las religiones. Concibo la vida como puro cambio.
Pienso que somos fruto del azar. Creo en la existencia de vida en otros planetas y en que la
tecnología nos superara.
Creo que mi vida es estupenda aunque a veces no tengo la serenidad/tranquilidad para verlo.
En mi hermana, es excepcional y me quiere con locura.
Creo en mi, creo en ti, encontraras lo que buscas, y en nosotros, seremos capaces de cumplir
nuestros proyectos.
En la abstracción y la creación.
En la cultura y la cultura pop y underground y en la historia, nos aportan referentes y
experiencia para enfrentarnos a nuestro tiempo, aunque siento que en este, nuestro tiempo
estamos perdiendo la capacidad crítica y cada vez somos más manipulables.
Creo que la mente es prodigiosa y el hombre, la máquina más perfecta que conocemos, la
naturaleza inteligencia en estado puro y la tierra un organismo vivo.
Creo que el contacto con la naturaleza y los animales nos genera una especie de paz interior,
recuerdos de tiempos primitivos.
En el arte y la ciencia, áreas de conocimiento que nos estimulan, desarrollando nuestras
capacidades emocionales e intelectuales.
En el sexo, es uno de los grandes entretenimientos humanos, probablemente el juego que más
nos gusta ya que el hombre/la mujer son seductores por naturaleza.
Creo en los museos vivos no estáticos, en las ciudades donde el espacio público es de todos y no
en las ciudades de plástico.
No creo que el trabajo dignifique al hombre ni en vivir para trabajar sin embargo si pienso
que el hombre tiene crear/expresarse de alguna forma para sentirse pleno.
En los libros, las librerías y las bibliotecas, son templos sagrados de paz y sabiduría.
Creo en las pequeñas manías y placeres de cada uno, nos hacen personas únicas y entrañables.
Creo que la rutina nos vuelve locos y grises, hombres grises de momo, hay que inventarse
mecanismos para reciclarse y salir de ella.
Y también creo que no debemos tener miedo de romper con todo de vez en cuanto, para poder
sentirnos libres.

La vida en tránsito, Aida S. Revenga

Cecilia, mi compañera del taller literario, comentaba, que un texto sobre los esfuerzos realizados para encontrar la libertad que creemos no tener para escribir, iba a ser un texto nacido perdedor, una disertación absurda sobre la NADA, sobre el vacío, la relatividad de un espacio-tiempo posible y necesario para rellenar los renglones inexistentes aún pero, inalcanzable para algun@s que necesitarían una física más elástica (un tiempo-espacio más plástico).
La NADA, nuestra protagonista, como en Fantasía, es, sin embargo, un poderoso enemigo pero de aspecto inofensivo y blandengue por lo que no le tenemos ningún respeto.
Y a ese respecto, a pesar de no haber hecho ningún esfuerzo para luchar contra ella, sin querer y sin ni siquiera intuir, cada uno de nosotros ha buscado un pequeño espacio-tiempo creativo, así 4 ratoncillos en la intimidad poco a poco devoran un queso, pongamos Gruyère para que sea más sencillo, y sin pretenderlo, hacen túneles donde crear madrigueras literarias.
Y en esta conquista, mi ratón es un harto inquieto.
Mi ratón, ya no es más un roedor, sino más bien un conejo con sombrero de copa y reloj de pulsera, obsesionado por ganar unos minutos al tiempo, que se le escapa entre los dedos, necesitaría un sistema cronológico menos exacto.
Vive contabilizando eternamente sus quehaceres reales e inventados, ubicando y reubicando, buscando algún hueco escondido entre las lineas de las listas de cada día. Y en este ansia por encontrar su guarida literaria, ha desarrollado una curiosa   y nada despreciable cualidad, y es que, es capaz de duplicarse en determinados instantes, así, escribe mientras se desplaza, en sus interminables momentos en tránsito del día.
Escribe en autobuses en movimiento, incluso haciendo contorsionismos, en trenes sin bandeja, en aviones-granja, cualquier lugar es bueno siempre que la abstracción, también se presente a la cita.
Pero no le pidas a nuestro divertido animal de chistera, que se pare y se relaje en un cómodo escritorio junto a su té favorito, porque argumentará que no hay tiempo ya.
Entretanto, hoy sin pensar, yo, mi sombrero y mi reloj de pulsera hemos conseguido sentarnos para escribir esto, aunque eso si, robando horas al sueño y al segundo texto, que tendrá que esperar una semana más.
Y es que yo, debería haber nacido en la luna donde el tiempo es más lento.

Desde dentro de la calle eterna, Aida S. Revenga

Un miedo : Alguien me persigue en la noche en una calle larga, vacía.
Un sentido : El oído y el tacto.
Siento miedo, un miedo hiriente, cortante, siento miedo físicamente, cada poro de mi piel
reacciona como un único ente y sudo, no paro de sudar.
La soledad en la noche es patente, se huele, es una soledad azulgris
de invierno, de tierra
mojada mezclada con asfalto.
Sólo se escuchan nuestras pisadas a lo largo de la calle eterna, chapoteando, mis 2 pasos, las 4
patas de mi eterno acompañante.
Vamos rápido, casi corriendo para salvar la distancia entre la calle infinita y el calor
coloreado por las agudas notas de Miles Davis del hogar.
Poco a poco, voy sintiendo una nueva presencia, es absurdo pero puedo presentirlo antes de
oír el leve repiqueteo de sus zapatos, o quizá se me antojan botas altas y gruesas.
No! no! no pienses en eso, no es posible, otra vez no.
Mi corazón se acelera a la par que mis deportivas intentan sacar ventaja, justo la necesaria
para poder salvarnos para siempre.
Noto como mi acompañante me mira, me observa, dentro de su percepción animal capta mi
agitación, mi desasosiego, que crece en forma de espiral convirtiéndose por momentos en
pánico, al oír ese clip/clap cada vez más cercano.
No quiero mirar, no quiero captar su atención (ni que perciba como la sangre se agolpa en mi
sien), voy corriendo, mi acompañante ya no me observa, se deja envolver por la locura y corre,
corre y me empapa en su carrera.
Los pasos también se aceleran al tiempo, siento que el final está más cerca y no me voy a
salvar, escucho el palpitar del corazón, la sangre, mi respiración entrecortada, me ahogo, mi
mente vuela entre oscuros pensamientos, flashes de aquella madrugada, puertas y ventanas
que no cierran, repiqueteando, huida, una huida constante, mientras mi cuerpo reacciona,
está eléctrico a punto de descargar una tormenta.
De pronto, oscuridad, ladridos, una caída, me encuentro rodando, siento frío, estoy empapada,
entumecida.
En ese momento, siento como un largo y cálido lametón me recorre el cuello y toda la cara
devolviéndome a una realidad mucho más azucarada mientras a lo lejos las pisadas se tornan
tenues hasta que la presencia se diluye en el silencio de la noche.