Google+ Taller de Escritura Creativa de Israel Pintor en España: Jose Hernández
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Sonrisa de ida y vuelta, Jose Hernández

Sonó el teléfono, el prefijo indicaba que la llamada provenía de Canarias…
Por favor quiero hablar con el señor Hernández Baena
-          Dígame, soy yo.
-          Le llamamos desde el Bufete Herroguez, aquí en Las Palmas, para comunicarle que le ha sido otorgada una cuantiosa herencia, le facilitamos nuestra dirección y teléfono, por favor,  póngase en contacto  con nosotros a la mayor brevedad posible.
Había fallecido un tío suyo millonario, propietario de una importante compañía de cereales,  estaba soltero y no tenía descendencia. La cuantía de la herencia ascendía a 20.000 millones de euros.
¡Dios mío! ¿Qué voy a hacer con tanto dinero? –se preguntó mientras se mecía los cabellos con impaciencia, una y otra vez.
Me compraré una casa en primera línea de playa –fue la primera idea que se le vino a la cabeza.
Sonrió y empezó a imaginar como sería:  un amplio porche, la piscina, artesonado de caoba, tendría dos plantas, un jardín extenso con preciosos árboles exóticos,…
Se acordó de los niños de aquel barrio marginal con los que había trabajado durante cuatro años… Crearía una especie de fundación en donde se atendieran todas sus necesidades, sanitarias, educativas, lúdicas, deportivas, atención a la familia, necesidades básicas de alimentación, vivienda, higiene…, también habría un servicio de orientación profesional para cuando se fueran haciendo mayores y tuvieran que buscar trabajo.
Volvió a sonreir. Sintió una profunda satisfacción interior imaginando las caras alegres, de tantos y tantos niños que conocía.
Pensó en hacerle un regalo económico a los familiares y amigos, pero esto no sería tarea fácil.  Entendió la dificultad de elaborar una lista y no dejar a nadie olvidado. No tenía claro si la cuantía del regalo debía ser la misma para todos, o habría que tener en cuenta las necesidades económicas de cada uno. También se planteó si era mas importante ser familiar que amigo, cuando en realidad muchas veces habían sido los amigos, al menos algunos, los que en realidad le habían demostrado una mayor entrega cuando le había hecho verdadera falta. No era sencillo encontrar una solución justa y equilibrada.
Dejó de sonreir.
Reflexionó sobre el peligro de que todo el mundo se enterara de su fortuna. Pensó en atracadores, estafadores, oportunistas pidiéndole préstamos, comerciales de banco inundándole con múltiples ofertas, conocidos con la intención de convertirse, de repente, en “amigos del alma”…
Ya no sonrió más. Tampoco pudo dormir.

Credo, Jose Hernández

Creo en la posibilidad de equivocarse y cometer errores.
Creo en las personas que son capaces de pedir perdón mirándote a los ojos.
Creo en la imperfección y en que siempre es posible mejorar.
Creo en lo diferente.
Creo en los pequeños detalles porque para mi son los grandes.
Creo en que también se puede ser feliz estando triste.
Creo en el mar, la luna y el silencio del atardecer.
Creo en los guiños y en los niños.
Creo en la magia de la literatura.
Creo en el sonido de las olas que rompen contra el acantilado.
Creo en la libertad y en la independencia.
Creo que a las personas mayores hay que intentar devolverles, aunque sea un poco, de todo lo que nos han dado.
Creo que los locos quizás sean los mas cuerdos.
Creo en que juzgar a los demás, es uno de los mayores errores del ser humano.
Creo en las sonrisas, las miradas y los suspiros.

¡Contesta! ¡¡CONTESTAAA!! ¿Estás ahí…?, Jose Hernández

1ª) ¿Qué hay que hacer para aumentar el sentido del humor?
Practicarlo con frecuencia pero sin caer en hacerte el gracioso, emplear la fina ironía en cualquier momento, por ejemplo contestando estas 10 preguntas saldrá algún destello de humor, je, je.  Esto, espero, será habitual en todos mis ejercicios
2ª) ¿Disfrutaremos de la sabrosura de escribir?
Yo empecé ya a disfrutar con el ejercicio del “yo creo”, con el de las “100 preguntas” disfruté poquito, y con este estoy dispuesto... me voy a permitir a mi mismo, gozarlo todo lo que pueda, sin autocensuras estúpidas.
3ª) ¿Cómo podemos aumentar la felicidad de los que nos rodean?
Siendo más felices nosotros mismos, entonces se transmite algo inexplicable y maravilloso  que llega a los demás, aunque a veces también provoca envidia, pero ese no es nuestro problema.
4ª) ¿Haré otros curso sobre escritura creativa en el futuro?
Pues, ahora mismo me veo haciendo muchos cursos en el futuro, ya que aprendes, contactas con personas con intereses parecidos, y te obligas a escribir. Aunque me temo, que no en todos los cursos se podrá tomar cervecitas, mientras escuchas embobado las explicaciones del profe.
5ª) ¿Cuántas preguntas me faltan?
35 ¡joder!
6ª) ¿Por qué tengo tanto interés en leer “Crimen y Castigo”?
Porque me apetece leer un clásico, pero no un clásico de épocas muy remotas y con lenguajes complicados. También la razón está en que Dostoievski es un maestro en la descripción psicológica de los personajes y esto me atrae bastante.
7ª) ¿Habrá vida después de la vida?
Me gustaría tener la certeza de que sí existe otra vida y me aterra sospechar en la posibilidad de que no exista nada, solo el mayor de los silencios, la soledad absoluta.
8ª) ¿Seremos capaces de hacer funcionar el club de lectura?
Si, al menos un tiempo, que espero sea largo, aunque habrá compañeros que abandonaran pronto, no creo que yo sea uno de ellos.
9ª)¿Hasta dónde seríamos capaces de llegar si tuviéramos la mente plenamente desarrollada?
Podríamos por ejemplo adivinar lo que están pensando otras personas, predecir el futuro, recordar vivencias con plenitud de detalles, …estos tres ejemplos tienen un lado positivo pero también un aspecto negativo, así si fuéramos capaces de adivinar los pensamientos ajenos, no siempre sería un placer, ¿verdad?
10ª)¿Por qué me interesan tanto las coincidencias?
Porque estoy convencido que tienen una explicación, al menos, muchas de ellas, pero la mayoría de las veces no sabemos encontrarla.

Me permito, ahora, ser feliz, Jose Hernández

Un anciano con espesa barba blanca y cabellera también blanca, ojos iluminados de un verde esmeralda y una media sonrisa audaz e irónica. En una taberna antigua, llena de viejos cuadros al oleo, recortes de poemas enmarcados y un piano sonando tenuemente, como acariciando el aire despacio.  Estaba sentado en compañía de sus siete amigos, los amigos de toda la vida, tomaba un chato de vino tinto, a pequeños sorbos, con deleite, de repente dijo:
“Me permito, ahora, ser feliz.”
Todos  lo miraron extrañados, solo su mejor amigo, sentado junto a él, le preguntó: ¿Qué quieres decir?
Miró a sus  amigos, uno a uno, con una mirada dulce, sosegada y profunda, se detuvo unos segundos en cada uno de ellos, regalándoles una sonrisa sincera. Nadie hablaba, se hizo un silencio absoluto, solo se oía el piano que estaba en el fondo. Apoyó los brazos lentamente en la mesa, recostó la cabeza sobre ellos y cerró los ojos para siempre.