Google+ Taller de Escritura Creativa de Sevilla: El sonido que se olvida escuchar, Reyes F. Lerate

El sonido que se olvida escuchar, Reyes F. Lerate


"Shhhh" pidió ella llevándose el dedo a los labios.
-Calla, calla un momento y escucha. Atentamente. No con los oídos, escucha con todo tu cuerpo porque para eso lo tienes, ¿no puedes oír el viento?, ¿no lo oyes?
-Pero ése sonido no es el viento, mamá.
-¿Qué piensas entonces? ¿Crees que puede ser algo más cercano?
-Sí.
-¿Algo como qué? -preguntó ella fingiendo desconocer la respuesta.
Al fin y al cabo las madres lo saben todo y por no contradecir ésto, la señora Rodriguez, no iba a ser menos.
Pero su hijo ya estaba acostumbrado a las historias que su madre contaba, a veces eran cuentos carentes de lógica en los que su hermana Talía bailaba sobre el sombrero de un sultán, otras veces sus historias trataban de hechos reales que ella modificaba a su antojo diciendo cosas como: "Y en el momento en el que Thomy pudo encender la primera bombilla, su bigote se retorció como si fuese una serpiente y se le cayó al suelo. Nunca más volvió a crecerle y tuvo que vivir sin bigote alguno por el resto de su vida. ¿De qué te ríes? ¿Es que alguna vez has visto a Thomas Alva Edison con bigote?".
Sin embargo, en algunas ocasiones ocurría que cuando él y su madre se sentaban a hablar, él sentía que su madre tenía razón e incluso pensaba que sus historias podían ser ciertas. Eso le fascinaba, ¿acaso no era superguaymegamaravilloso que su hermana Talía bailase sobre el sombrero de un sultán? Y precisamente aquello le ocurría en esa oscura noche de otoño, sentado a las orillas del río.
-Creo, mamá, que ese sonido viene desde alguna parte de nosotros mismos -dijo, dejándose llevar por la fluidez con la que las palabras salían de su boca.
Si se hubiera parado a pensar lo que había dicho, seguramente se habría sonrojado, pero nuestro amiguito no lo pensó y por eso tienen tanto valor sus palabras.
-¿Piensas que ese sonido lo provocamos nosotros? ¿Como cuando te suenan las tripas? –preguntó ella.
-A lo mejor ¿Tú qué crees?
-Yo creo que ese sonido es mucho más que un rugido de hambre. Es una emoción, como si un trueno atravesase nuestros pensamientos.
-¿Los truenos pueden hacer eso?
-Oh, claro que sí. Pueden hacer eso y mucho más, incluso hacer que llueva en tu propio cuerpo... Pero no es sólo eso, me refería al sonido que tan sólo tú y yo escuchamos… Ése que proviene de un lugar secreto que sólo tú y yo conocemos. Un sonido que a la mayoría de la gente se le ha olvidado cómo se escuchaba.
-¿Cuál, mamá?
-La imaginación.