Google+ Taller de Escritura Creativa de Sevilla: El árbol ante mi ventana, Valentin Tritschler

El árbol ante mi ventana, Valentin Tritschler

Aparece malvado. Es por su carencia de hojas. Pero durante la época fría deberá ser así, me imagino. Muestra su naturaleza verdadera, se quita la máscara y allí está, deshojado y sin velo y ningun traje de hojas aún impide la mirada de las cortezas a la que nosotros nos sentimos expuestos. Y nudosas son las venas estiradas, más oscuras que el trasfondo nocturno.

Caen los dos al mismo tiempo, sol y ciudad.

Al lado, unas luces atraviesan cansadas las cortinas. Son el confeti del programa de televisión que se proyecta en la pared de la casa enfrente, ensuciando parte de mi árbol: Otra vez un atentado en algún país arenoso y lejano. Otra vez se les acaba la comida al sur y las comilonas al norte. Y otra vez somos NOSOTROS quien estamos en la misma onda, mientras ésa sepulta a los otros bajo sus brazos mojados. ¿Dónde? En aquel mundo donde se forja tus ansiedades y tus terrores – sistemáticamente humano. Sólo interrumpido por el bloque de anuncios que proporciona bondadoso los pasatiempos y da las esperadas razones para vivir.
            Y los columnistas, aquellos sabios, opinan que es falsa la suposición que nos hace unas fundas sin alma la televisión, unos meros consumidores. Más bien es así, según estos señores y señoras: La caja tonta primero nos quita nuestra funda, nuestra piel protectora, y luego nos da con su programa las fundas que tanto ansiamos.
Ahora yo nos veo: Estamos allí a nuestro lado, nos miramos a nosotros mismos para no reconocer nada y para no ser reconocido por la nada: No queremos tener testigos cuando llevemos nuestra integridad a la basura, ni cuando enterremos los cadáveres de nuestra voluntad en el bosque.

El árbol ante mi ventana. Está pelado, deshojado, espantoso. ¿O sencillamente sincero, un poco silencioso? ¿Y por eso es – tal vez – tan bonito, único y fiable?
            Yo, detrás de mi ventana, aún miro sin ver, aún sin fuerza de voluntad, pero Alguien abre la ventana y yo me deslizo hacia afuera, porque resulta la única manera de escapar. El aire está claro, tiene frio, y así caimos en nuestros brazos...

Con la salida del sol, la ciudad
también ha de fingir la cara seria de la vida.

Y tras mi ventana se ve un hombre tumbado. Es un ángel de nieve, no inmaculado, pero con calma en el alma. Eterno y sin aliento es el abrazo con la tierra al pie de este árbol. Su mirada aún está centelleando, pero a la segunda ya se acaba.
Es un hombre de conciencia ecológica, se siente obligado a la sostenibilidad. Quiere ahorrar energía. No cambia al standby.....................
Apaga,                                                                                                             extingue,
       agota,                                                                reposa,
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