Google+ Taller de Escritura Creativa de Sevilla: 10 respuestas a medias, Arroyito Ferdinand

10 respuestas a medias, Arroyito Ferdinand

1- ¿Quién pensó en el “uno” por primera vez?
Tuvo que ser un homínido aburrido, allá por el año doscientos mil antes de Cristo.
Seguramente era corto de vista y, mirara a la piedra que mirara, sólo veía “una
piedra”, incapaz de distinguirla de la anterior y de la siguiente. Luego miró a una
manada de antílopes prehistóricos y vio “un antílope” un montón de veces. Lo
mismo le pareció al mirar a las copas de los árboles, o de “el árbol”, siempre
repetido, con castañas prehistóricas colgando de las ramas, “una castaña” que
cambiaba de sitio conforme movía la vista.
Esa noche se quedó dormido, repitiendo sin palabras: “una castaña, una piedra, un
árbol, un antílope, uno, uno…”
2- ¿Y en el “dos”, el “tres” y el resto de los números?
Fue el primo del homínido “uno”, que siempre intentaba quedar por encima de él
para ganarse a las homínidas y llevárselas a la cueva. Tan envidioso era de la
belleza y de la miopía del homínido “uno” que recurrió a beber de la charca
ponzoñosa y alucinógena que había junto al poblado para inspirarse. En sus delirios,
y con dolor de barriga, esa noche, despertó a todos los demás homínidos de la
manada bailando y gritando sin palabras “!Dos! ¡Dos!”.
Como homínidos, hasta hoy día, ha habido muchos, y la envidia no tiene fin, el
resto vino sólo. Por eso los números son infinitos. Justo como la envidia.
3- ¿Si hubiésemos tenido un número distinto de diez dedos, habríamos inventado las
matemáticas en otra base?
Seguro. Si los homínidos hubiesen tenido cuatro dedos en cada mano las
matemáticas que aprendemos en el colegio serían en base ocho, seguro. ¿No ves que
esos animales estaban demasiado ocupados teniendo celos unos de otros, bebiendo
de charcas alucinógenas y bailando por las noches, como para darse cuenta de que
las matemáticas más útiles no son ni las de base diez ni las de ocho, sino las
binarias?
4- ¿Por qué pensamos que, entre todos los animales, sólo nosotros somos inteligentes?

Por la misma estupidez que nos impidió ver que el lenguaje binario era el más útil
hasta principios del siglo XX. Y porque nuestros antepasados se ponían finos de
“aguas ponzoñosas” cada vez que buscaban diversión con las homínidas, y eso deja
secuelas.
5- ¿Son los perros, por ejemplo, menos inteligentes que los hombres pero mejores en
otras cosas más importantes?
Los perros no sé, pero los antílopes sin lugar a dudas. Son mejores, por ejemplo en
el camuflaje matemático. Sino que le pregunten al homínido de la primera pregunta,
que por muchos antílopes que cazó a lo largo de su vida, sólo cazó “uno”.
6- ¿Existe todo el mundo sólo en mi imaginación?
Yo diría que no, pero no lo puedo demostrar. He intentado cogerme en la mentira
cada vez que me recuerdo a mí mismo en el pasado, cada vez que pienso en mi vida
y en las cosas que me han pasado, a ver si detecto alguna contradicción de
estructura en esta farsa, pero que va, todo parece coherente. Y si no me lo parece me
lo invento. Y si no, me tomo un trago de agua ponzoñosa. El caso es que, si el
mundo existe sólo en mi imaginación, está sorprendentemente bien imaginado.
Cuánta inventiva tengo. Podría ser un escritor cojonudo.
7- ¿Queda algo de mi pasado que no sean sólo mis recuerdos?
Depende del día. Cuando pienso que todo está en mi imaginación, me doy cuenta de
que las cosas que ahora mismo toco, veo y huelo, y que también estaban ayer, no
tienen porqué haber estado ayer realmente: con que yo lo recuerde así es bastante.
Los días que tengo peor impresión de mi mismo me doy cuenta de que inventarse
todo un mundo es demasiado para mí. ¡Cuánto más inventar recuerdos conforme
pasa el tiempo! Así que llego a la conclusión de que todo es lo que parece.
Luego están los días que me levanto con resaca, después de hincharme de agua
ponzoñosa. Pero en esas ocasiones me contento con encontrar la cafetera.
8- ¿Existe el cielo y el infierno, o algo parecido?
Algo parecido: existen esos gloriosos momentos en que, en mi dura cabezota, entra
alguna revelación (largamente reconocida por los demás), y existen los días de
resaca, que a veces se alargan como el infierno. Luego enciendo la tele y me doy
cuenta de que el infierno aún no ha acabado.
9- ¿Y si el sol saliese un día por el oeste?

Me da que no se daría cuenta nadie. Quizás algún oficinista aburrido, pariente
lejano del homínido que contaba piedras, podría percatarse, pero seguramente,
llegados a ese punto, aparecería su jefe y le echaría un broncazo por andar
perdiendo el tiempo con pamplinas.
10- ¿Existe un contrario para cada cosa?
Si. No. Si. No. Si. No. Si. No.