Google+ Taller de Escritura Creativa de Sevilla: Rojo, Antonia María Carrascal

Rojo, Antonia María Carrascal

Cuando el hombre bajó del metro olvidando junto al asiento su maletín, lo tomé en mis manos y corrí tras él hacia la puerta. En vano lo llamé, pues el ruido del tren que arrancaba debió acallar mi voz y el hombre, que caminaba deprisa hacia la escalera, no me oyó. Me detuve indeciso, con el maletín en la mano, pensando dejárselo cuando me bajara a cualquier responsable de estación.
El leve tic tac llamó mi atención sobrecogiéndome. Abrí el maletín que no estaba fechado y, respondiendo a mis temores, apareció un pequeño artefacto de relojería que marcaba una hora peligrosamente próxima a la que señalaba mi reloj.

Fuente: www.apeir.com
Con el más terrible horror que cualquier ser humano pueda experimentar, me apercibí de lo que iba a pasar en breves momentos: mi vida, la del conductor y la de los escasos pasajeros que aún quedaban, se hallaban en peligro. Es más, si no conseguía desactivar en breves segundos aquel demoníaco artefacto, volaríamos por los aires, justo al entrar en la próxima estación que, por ser punto neurálgico de líneas, debía estar abarrotada.
Apoyé el maletín en mi asiento. Busqué nervioso en mi bolsillo el pequeñísimo cortaúñas que pendía de mi llavero y comencé a hurgar entre los delgados cables que había en el fondo. Para mi alivio encontré, oculto por los otros, uno de color rojo.
Lo corté. Pero, al ir a sentarme tranquilizado y contento, oí cómo se activaba una grabadora diminuta y una voz, incomprensiblemente divertida aconsejaba:
“Aprende, pardillo, que el color indicador de peligro no tiene que ser necesariamente…”
Rojo, ahora lo sé, sí que es el color de los mismísimos infiernos.