Google+ Taller de Escritura Creativa de Sevilla: Como el título es libre, aquí digo que no se lea, sino es por obligación, tan horrorosa historia de desdicha y aflicción, Rodolfo Garrotín

Como el título es libre, aquí digo que no se lea, sino es por obligación, tan horrorosa historia de desdicha y aflicción, Rodolfo Garrotín

No soy quien tú crees que soy

Soy,
aquí y
ahora, ya,
un humano
angustiadísimo
por tener que rellenar
con líneas en ¿equilátero?
folio y pico hasta conseguir la
ocupación, al menos, de una entera
y completa sin perder el argumento de
una historia coherente para que quien la
lea no exclame maldiciendo al escribiente, pobre
víctima del sistema, que aborrece a Natalie Goldberg
por loca, perversa y sádica, cuya frustración paga con este
aprendiz de todo, maestro de nada y ya nonato escritor que,
después de esto, abandona para siempre la inquietud porque,
de lo contrario, la inquietud acabará con él mucho antes de tiempo.
Es intolerable someterse de modo voluntario a esta tortura inhumana
y estoy que trino porque decidí un día lejano que mi ocio sería, ante todo,
placentero, y no doloroso ni grosero, para con quien, como yo, brioso en los
comienzos, busca que te busca mover el intelecto pero sin sufrimiento forastero,
o sea, ajeno a mi modo de entender la vida, selecto, o forzadamente impuesto por
una lunática y horripilante mujer que con sus prácticas desborda mis pacíficos relatos.
Ahora, que a la línea completa he llegado, veo las cosas distintas, son más de mi agrado,
aunque toca desde aquí seguir achicando el espacio para acabar en un soy, tan solitario
y discreto como el pobre sirviente de la posada del sevillano, que pasó desapercibido,
y despojado de su rango, hasta que el padre de la ilustre fregona, después de aclarar
el entuerto, decidió conceder su mano en la fiesta del reencuentro castellano, que
tuvo lugar en Toledo, o si acaso en su provincia, con alegría desbordada de los
que allí presenciaron el fugaz acontecimiento de un enamoramiento muy raro.
A medida que la línea mengua, más me acuerdo de Natalie, o para ser más
exactos, de Natalie y su estirpe, causantes de mi desasosiego por existir
permitirle, pues hubiera bastado un poquito de prudencia para evitar la
secuencia que generó el alumbramiento de tan ruin escritora, causa de
mis tormentos y origen de mi aflicción justamente en este momento.
Cómo será el sentimiento que la señora me provoca que no tengo
más remedio que acudir al pareado, para llegar al final cuerdo y
no tarado, pues, ya lo dijo Cervantes hablando de la poesía, no
es esa la gracia que el cielo me daría y, digo yo, no volveré a
practicar ni aunque de perros salvajes me persiga una jauría.
Sólo deseo, por tanto, llegar a la cincuenta y pico y, si yo lo
consiguiera, quedaría satisfecho, feliz, tranquilo y redimido.
Ya va quedando menos, si mal no hice el recuento, para de
una vez por todas, acabar con el sufrimiento que me da
tanto lamento y es que, por más que lo intento, no me
vale de consuelo la bondad del invento que la mala
de Natalie ha diseñado exclusivamente para jod...
Me callo, que ya termino con este ejercicio de
terror tan supino y me despido de todos para
ingresar, de momento, en la unidad de locos
del hospital más cercano, que la cama está
preparada para acoger a este orate de tan
poca resistencia ante el acoso y remate
de quien, por aburrimiento, consiente
acabar con la paz y tranquilidad de
un doliente que no sabía donde
entraba y que ahora atrapado
busca la salida para llegar
como pueda al inicio de
tan cruento recado; y
os recuerdo lectores
que así nunca fui,
que yo sólo un
mandado
soy.