Google+ Taller de Escritura Creativa de Sevilla: Finalistas del concurso entra gratis al Taller de Escritura Creativa de Sevilla

Finalistas del concurso entra gratis al Taller de Escritura Creativa de Sevilla

A través de la página de Facebook del TEC dimos a conocer entre ayer y hoy la noticia de que tres de los seis preseleccionados han salido del concurso por motivos diversos, dos de ellos, Paola Pérez y Marko Muñoz fueron eliminados por ausencia y Gloria Huertas renunció a seguir participando y prefirió matricularse.
Así, pues, quedan solo tres únicos finalistas en el concurso. Compartimos a continuación los perfiles que escribieron para registrarse en el concurso y las autobiografías ficticias que escribieron en apenas unos cuantos minutos y vídeograbamos luego con el objetivo de obtener comentarios de nuestros seguidores
¿Qué dicen? ¿Quién debería ganar el concurso?
Mira y escucha a los concursantes. Pedimos opiniones, no votos:

Antonio de Zayas Fernández

—¿Un perfil de alumno? —susurró Antonio en su cuarto al llegar a ese punto en concreto del Cuestionario—. A ver qué se me ocurre...
Su imaginación empezó a rodar como siempre. Podría reflejar sus inquietudes creativas. O quizás colocar los títulos de relatos que habían ganado algún premio alguna vez en el pasado. Pero esa es una navaja de doble filo ya que, a lo peor, el señor Israel Pintor sí que recordaba alguno y no le gustaran. Total, al propio Antonio de Zayas no le gustaban sus relatos, ¿Por qué le iban a gustar a Israel Pintor?
Se reclinó en su silla con las manos en la cabeza tras quitarse las gafas y dejarlas sobre el teclado. ¿Qué podría hacer para sorprender? Hablar de sus guiones para cine y televisión, quizás. O comentar cómo le gusta dibujar sus cómics y novelas gráficas.
Pero en el fondo sabía que aquello se salía de lo que se espera en un perfil del alumno.
También se le pasó por la cabeza hablar de su blog donde va publicando semanalmente un capítulo de lo que espera que sea su primera novela publicada. Pero solo hay un prólogo y un primer capítulo por ahora.
En fin, está claro que, a pesar de tocar distintas ramas del arte dando rienda suelta a toda su creatividad, en realidad estaba paralizado. Sabía que debía centrarse en una cosa en concreto y desde pequeño esa cosa era la escritura. Pero ahora, estando en paro, sin encontrar un módulo de grado superior dedicado a la escritura en la ciudad en la que él vive, Sevilla. Sin dinero para cumplir sus expectativas y ambiciones. Se siente deprimido y contra las cuerdas.
No puede pagarse ningún curso y tras buscar por todos los rincones de internet ha dado con esta locura que parece ser la última bala que le queda.
Le encantaría ser algún personaje de los que tan bien dibuja Alberto Sanchez-Figueroa en sus novelas. Personajes fuertes y carismáticos que entrarían en el taller exigiendo el puesto gratuito y convenciendo a todos los presentes eligiendo las palabras exactas. Pero no. Antonio es más bien un personaje que tira de la comedia y chistes para intentar integrarse en todos lados y caer bien al mayor número de personas posibles.
Su abuelo, que era poeta y había trabajado con Lorca en teatro, le metió en ese mundo de la palabra escrita y del olor a papel y tinta. Él fue el que le dijo que un drama podría hacerlo un mono con un papel y un boli, pero la comedia necesitaba más esfuerzo e ingenio. "Hacer llorar es muy fácil, Antoñito. Lo difícil es hacer reír. Y el mundo necesita enseñar más dientes que lágrimas".
Y eso le marcó su carácter. Aunque sus relatos tiran más por la fantasía y la ciencia ficción con aroma a literatura negra, su personalidad es amigable, cariñosa y divertida. O eso intenta.
—Muestra tu creatividad y escribe un perfil de alumno —volvió a repetir acercándose la pantalla a la cara—. Creo que ya lo tengo.



Blanca Izquierdo Fernández

Una vez me preguntaron: ¿Para qué escribes?
Esto fue lo que me salió:
La primera vez que escribí algo fue para leer una opinión que yo misma buscaba y no había encontrado, con el convencimiento de que no era la única que buscaba respuestas reales y no utópicas.
Escribo porque siento la necesidad de expresarme.
Cuando escribo soy lo que quiero ser, no lo que los demás esperan que sea. Me autoafirmo.
Escribo para ordenar mis ideas y controlarlas, no soltar cualquier cosa delante de cualquiera.
Los que me leen es porque quieren hacerlo. Lo escrito sirve como filtro para que no todo el mundo tenga acceso a mí.
Escribo para vaciarme de malos rollos y empezar de nuevo. En definitiva, para reinventarme.
Escribo para ampliar mi vocabulario y así ser mejor lectora y saber valorar, en su justa medida, a otros escritores.
Escribo porque si no lo hago sufro.
Escribo para quejarme menos.
Escribo para encauzar toda mi energía y convertirla en algo positivo.
Escribo para dar ejemplo a mis hijos. Quiero que sean creativos y también que entiendan que su madre tiene un espacio personal inundado de palabras, donde todo es posible.
Escribo con la esperanza de saber comunicarme verbalmente algún día, de decir lo que quiero decir y no dejarme arrastrar como una ola más en el mar.
Escribo para que no me interrumpan.
Escribo para no ser una amargada que no distingue un día de otro.
Escribo porque no hay nada que más me guste que me cuenten historias y contarlas yo.
Escribo con la esperanza de hacer un cuento y que mi hija lo ilustre.
Escribo para decir cosas hermosas sin que me dé vergüenza.
Escribo para sacudir todo el embrutecimiento que tengo adherido en mi cabeza después de tantos años viviendo como un vegetal, que se limita a cumplir un único rol, el de madre, y a ver telebasura para no pensar.
Escribo para ser una persona activa, que opina, que inventa, que se relaciona con otra gente que tiene los mismos intereses.
Escribo para ser, no para llegar. No me planteo hacer nada concreto, aunque sí me gustaría hacer cuentos infantiles, relatos y un guión para un cortometraje.
Escribo para aprender a vivir y vivo para escribir.
Siempre hay que luchar por lo que se desea y éste es mi principal deseo, escribir.
Para terminar, quisiera dar las gracias por la creación de una beca de este tipo para gente que como yo, por una vez en la vida, quieren vivir por encima de sus posibilidades.


 

Bego Guerrero

Recuerdo el día en el que le comuniqué a mi familia que quería ser escritora. Todos se sorprendieron enormemente, sobre todo porque era cuanto menos insólito que dijera: "madre, hermanas y demás familia: he decidido que estudiaré Filología Hispánica cuando vaya a la Universidad" una niña de cuatro años y tres meses. Pero yo no tenía dudas. Lo decidí firmemente la noche que terminé de leer Fuenteovejuna y me quedé toda la noche escribiendo un final alternativo.
Y así fue. Desoyendo los ruegos de mi madre de que estudiara una carrera de ciencias que me diera la oportunidad de comer caliente todos los días (y pagarlo de mi bolsillo), me matriculé en la carrera de mis sueños. Salí de allí filóloga, un poco hippie y convencida de que lo que más feliz me haría en la vida sería ver un libro con mi nombre en la biblioteca de la facultad.
Ahora he madurado, he entendido que las pretensiones que llenaban mi cabeza en mi tierna primera juventud, no eran acordes a mi talento. Ahora sé que lo que más feliz me haría en la vida sería ver un libro con mi nombre en la Biblioteca Nacional. E ir a verlo de la mano de mis hijas y mis nietas de bucles dorados.
Mientras llega ese día, hago cura de humildad escribiendo en un blog que leen mis hermanas y dos vecinas y espero, con verdadera necesidad, que me llegue la oportunidad de participar en un taller de escritura creativa que saque a la E. L. James que vive en mí y me deje escribir, pero de verdad.